BIBLIOTECA JANERIANA
VIDA ANA MARIA JANER
PAPA FRANCISCO

Algunos testimonios…Desde Córdoba

27 Jul Algunos testimonios…Desde Córdoba

CÓRDOBA  –  BARRIO PUEYRREDÓN

 

Estar con quienes nos necesitan.

Buscando y deseando ser presencia samaritana y testigos del amor misericordioso de Dios, nos propusimos en comunidad, conocer, visitar y comprometernos con la capilla “Nuestra Señora de los Milagros” de nuestro barrio.

Sentimos como un llamado de Dios para acompañar a niños, jóvenes, adultos mayores y familias a conocer más a Jesús y crecer como personas.

Así como nuestra madre Ana María supo dar lo mejor de sí, allí donde Dios la llamaba, hoy a nosotras nos muestra este camino, en la periferia de nuestro barrio, a pocas cuadras de la comunidad.

Tres formandas y cuatro profesas hemos dado un paso… y en este caminar nos acompañan dos seminaristas jesuitas, siempre con el Padre Carlos Carranza a la cabeza.

Hemos iniciado con las visitas a las familias, descubriendo allí cuánto desde su pobreza y sencillez tienen hambre no solo de cosas materiales sino del mismo Dios y sin llevar nada somos acogidas por nuestra sola presencia.

Cada sábado impartimos la catequesis desde los más pequeños de 4 a 8 años, 1º. Y 2º. de comunión, 1º. Y 2º. de confirmación, los primeros para iniciar a la vida cristiana, los segundos para profundizar un poco más en la fe.

También acompañamos a los adultos mayores con el rezo del rosario, talleres de formación y reflexión, además de los momentos de artesanías y recreación.

Queriendo seguir el mismo ejemplo de nuestra fundadora y bajo su protección volcamos nuestra mirada al lugar para estar con quienes nos necesitan y ayudarlos a encontrar el sentido de sus vidas.

Dionisia S.F.U

 

Testimonios y fotos de las actividades que llevamos a cabo. 

Por iniciativa de las hnas. de la Sagrada Familia, los sábados nos encontramos en la capilla Nuestra Señora de los Milagros del Bo. Pueyrredón, donde se comparte charlas, manualidades, mates… las ideas van surgiendo del mismo grupo y nos enriquecemos unos con otros. Cada sábado se suman más personas que participan con mucha alegría y entusiasmo. Este espacio es muy positivo para nuestra comunidad, tanto para gentes mayores y no tan mayores, porque tenemos la posibilidad  de aprender y crecer como persona, como comunidad.

Muchas gracias a las hermanas y voluntarios que nos acompañan los sábados en todas las actividades.

Marta Caravello

Miembro del grupo

 

Córdoba, 12 de julio de 2018

Quisiera escribir un resumen sobre el grupo que se está gestando en el barrio. En principio era para adultos mayores pero también se van sumando jóvenes activas y creativas. Un espacio de encuentro y escucha, en la Capilla del barrio Bajo Pueyrredón.

Hemos tenido varios encuentros, al comenzar siempre dedicamos un momento a la oración y reflexión, luego damos espacio para talleres,  mates, diálogo…. Hasta el momento todas mujeres y  muy participativas que vienen contentas al encuentro. Es un comienzo, pero vamos  creciendo en números.

Si me preguntan cuál es el objetivo del  grupo….sueño que sea un lugar para todos, donde cualquiera pueda entrar, sentirse amada, olvidarse de su trajín diario y estar en familia… que puedan hablar de SU realidad sin sentirse sentenciado, ni juzgado. Que sea un lugar de descanso, de apoyo… punto de partida para modificar su realidad, siempre hacia el bien.

Cuando una de las madres me invitó a integrar el grupo, inmediatamente me vino el recuerdo de lo que yo creo, debe ser la Casa de la Misericordia en Colombia.

En el barrio también hay mucha droga, las personas que se conocen de toda la vida, se desconocen al momento de necesitar dinero para comprar.

Es urgente ayudarles,  mostrarles el camino, acompañarlos en sus dificultades, enseñarles que hay otra posibilidad de vida.

Pero ese cambio de vida, de una vida más sana, de una vida con sentido se debe dar de manera conjunta con sus familias.

Uno de los sábados fui con Camila y Cristian (jesuita de la parroquia Sagrada Familia) a visitar los hogares. Conocí a Martín su esposa y sus dos hijas, la más chiquita una bebé de 11 meses. Él es adicto, alcohólico y ladrón. Nos habló de querer salir de esa situación. ¿Cómo ayudarlo para salir de la esclavitud? Cómo enseñarles a decir no, a  lo que le destruye la vida y la familia? Él sigue viviendo en ese lugar, con los mismos vecinos con los que consume y salen a robar…Eso es lo que queremos, trabajar con las familias, fortalecer los valores.

En este contexto intentamos que surjan “semillitas” dentro del mismo barrio que puedan dar frutos entre ellos. Y que la Capilla y el grupo sean un lugar, un espacio para llenarse de optimismo,  esperanza, fe, y fuerza de voluntad para dar el paso. Que sea un lugar donde encuentren paz y confianza entre ellos.

Es un largo camino por recorrer, pero… en algún lugar y en un tiempo hay que comenzar.

Es una tarea ardua, difícil, hay muchas “miserias”. Pero ponemos toda nuestra confianza en Dios, que no nos faltará su gracia para hacer el bien. En ese ambiente también encontramos personas en quienes podemos apoyarnos, personas que tienen sed de Dios y que hacen el bien.

Que la Madre Ana María nos guíe en este camino empezado.

 

Graciela Reyes (Gachi)

Voluntaria

 

Miradas que buscan ser miradas…

 

Mi ida al barrio bajo Pueyrredón no es tan seguida, pero cada vez que voy me siento muy agradecida de estar ahí. Suelo estar con los niños de segundo año de comunión. La realidad es que suelen faltar mucho, y por ahí van tres chicos y otro día son diez y así van variando; de a poco se va logrando la estabilidad.

Cada niño tiene una realidad distinta, eso sí, con desgarros similares… Hay una niña en particular que es difícil de tratar, es muy rebelde y habla levantando su voz por encima de los demás, siento que quiere llamar la atención, que la miren y que la escuchen… particularmente cada vez que voy al barrio, se me acerca y me confía sus cosas para que se las guarde por ese ratito, después me las pide, me las vuelve a dar; me habla mucho aunque por momentos deja de hacer las cosas de catequesis. Lo que me sacude más el corazón es la realidad que vive, cada sábado que la veo, me cuenta algo de su familia, hermanos que se drogan, que roban en su propia casa, otro que está en la cárcel, y ella tan sólo tiene once años… Lo cuenta como algo normal de su historia, porque lo es, porque lo vive.

Rezando unos de estos días pensaba en los Cristos crucificados de hoy, de nuestra comunidad, de nuestro barrio, y se me venían al corazón los rostros de esos niños y niñas del barrio, en particular esta niña y su realidad. Miradas que buscan ser miradas, rostros que buscan sosiego. Rezo por ellos y por aquellas familias de ese barrio y de tantos otros que sufren en silencio. Ir al barrio me da alegría y pensar que estos niños se preparan para recibir al Señor en la Eucaristía me da aún más alegría, Jesucristo quiere estar con ellos y en ellos. Es bueno pensar que en nuestra misión seguimos optando por dar a conocer al Señor a cada niño, a cada niña, a cada familia. Seguimos eligiendo esto, seguimos optando por más vida.

Guadalupe Benítez.

 

El sábado 10 de marzo de este año 2018, madre Pabla y yo, fuimos por las calles del barrio a compartir e invitar a las actividades de la capilla. Recién arrancaba el año para estas actividades. Cuando ya era la hora, y estábamos por regresar a la capilla, alguien de atrás me agarra el brazo con la intención de robar. Yo esa vez había llevado un bolsito conmigo; el joven me pidió mi celular, yo no lo había llevado, entonces yo me estaba sacando el reloj para dárselo, y también empecé a abrir el bolso. Y el muchacho dio un paso atrás y dijo: “perdón, perdón, no quise hacerles esto, perdónenme es que estoy en la droga, y estoy por perderme y estoy por perder a mi familia. Perdón…” A esto le siguió un abrazo, entre me. Pabla y él. Luego, entre él y yo. Y decía muchas veces: “que Dios me perdone, que Dios me perdone. ¿Me perdonará Dios? Perdónenme. Yo soy un hombre de Dios. Recen por mí.” Y nos dijo su nombre: Roque Martín. Y nos dijo que quiere vernos de nuevo, le dijimos que nosotras también; y nos indicó su casa.
Fue una experiencia fuerte la que vivimos ese día. Me asombró el cambio. Pudo decidir; se dio cuenta lo que estaba por hacer, dio un paso atrás arrepentido y pudo elegir no robar.

En la decisión de Roque y en los abrazos que siguieron y el apretón de manos fueron como una expresión de la fuerza del Amor. Noté en este hermano, como el deseo de Dios, como necesitado de Dios, porque Él es quien da vida, da dignidad, da amor. Esta sed de Dios que todos tenemos y que de maneras diferentes buscamos, porque creo que  es Dios que es Amor quien da sentido a nuestra vida.

Como comunidad, vamos todos los sábados al Barrio, allí estamos en distintas misiones. Madre Pabla y yo salimos a la calle, a compartir con las familias. Siempre tengo sentimientos diversos cuando voy al barrio. Hay mucha vulnerabilidad, dignidad que no se cuida y valora, droga y alcohol que destruye la vida… Hay mucha cercanía, apertura, entrega… Ante esto: distintos sentimientos. Ayuda creo la frase de madre Teresa de Calcuta: “A veces sentimos que lo que hacemos es una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota.”

Me encanta compartir con la gente, escucharnos, conversar alrededor de una mesa en las casas. A lo de Roque Martín fuimos varias veces, compartimos con su familia diálogos muy profundos, mates y momento de oración. Llevo en mi corazón nombres y rostros de hermanos con los que hemos compartido.

En medio de tanta vulnerabilidad, abandono, siento que el Señor nos llama e invita a seguir optando por apostar a compartir como hermanos unos con otros, a seguir “optando por la vida”, optando por la fuerza del Amor, que transforma, que “hace nuevas todas las cosas”, que nos da vida nueva. Allí se da la alegría del encuentro, la alegría de ser hermanos.

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