BIBLIOTECA JANERIANA
VIDA ANA MARIA JANER
PAPA FRANCISCO

El acompañamiento pastoral…

30 May El acompañamiento pastoral…

de Jesús a Pedro

El ejemplo más claro de acompañamiento que hay en los evangelios es la relación de Jesús con los discípulos, y muy especialmente con Simón Pedro.

En un acto de amor, Jesús llama a Simón, y éste deja las redes para seguir sus pasos (Mc 1,16-18). Así comienza una amistad que lleva a Jesús a visitar su casa (Mc 1,29) y a Simón a seguir los caminos de Jesús. En una noche de vigilia, Jesús ora por Pedro y lo elige para  formar parte del grupo de los doce, sus apóstoles primordiales (Mc 3,14-19). En un momento de intimidad, Pedro confiesa a Jesús como su Maestro, su Señor, y Jesús le revela su amor preferente (Mc 8, 27-30; Mt 16, 13-20) “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”.

Jesús conoce a Pedro.

No se le oculta ni su entusiasmo ni su  pasión, como la que manifiesta al reprenderlo cuando el Maestro hace el primer anuncio de su muerte en cruz.

Jesús conoce la primariedad de pedro, como la que lo lleva a expresar su deseo de quedarse para siempre en el monte  de la transfiguración, o como cuando se pone la ropa para echarse al agua después de su resurrección.

Jesus conoce la fragilidad de Pedro, y por eso, cuando se ofrece para ir con Él hasta la muerte, Jesús le advierte  que orará por Él para que su fe no desfallezca y le anticipa su traición.

Pedro no entiende los misterios del reino. Pedro se escandaliza ante el anuncio de la muerte de Jesús y recibe la peor reprimenda de todo el evangelio: “Apártate de mi Satanás, tú me haces tropezar… no entiendes los caminos de Dios” (Mc 8,33) Y este mismo Pedro recibe una de las miradas más profundas de amor que prodiga Jesús: la mirada que lo hace estallar en lágrimas por haber negado a su maestro y amigo. No hay reproche en los ojos de Jesús, sólo lágrimas en los ojos de Pedro. (Cf. Lc 22, 61).

Y así, a través de los acontecimientos de la vida, invitándolo siempre a estar presente en los momentos culminantes, explicándole los secretos del reino, amándole entrañablemente, corrigiéndolo con claridad y ayudando a Simón a descubrir su personalidad más honda, Jesús lo va haciendo “PEDRO”, TESTIGO, PROFETA, APÓSTOL, PRIMADO, MARTIR.

El apóstol, como todos nosotros, no cambiará del todo: seguirá siendo piedra, siendo Pedro. Así lo vemos en su polémica con pablo y así lo relata la leyenda del Quo Vadis?  Pero el Señor saca de esa piedra a un santo: un hombre valeroso, capaz de anunciar la resurrección a las muchedumbres y toda lengua y nación, de dar testimonio ante el Sanedrín y de sentirse orgulloso del nombre de Jesús.

La clave de este acompañamiento se sintetiza en a escena junto al lago, después de la resurrección, cuando Jesús derrocha su confianza, y Pedro su humildad: “Simón hijo de Juan, me amas más que estos?” . No hay reproche en la pregunta. “Sí Señor, tú sabes que te quiero” … “Apacienta mis corderos”.

“Simón hijo de Juan, me amas?” E inmediatamente el acto de confianza: “Apacienta mis ovejas”. Y por tercera vez: “Simón hijo de Juan, me amas?” Y la respuesta de Pedro ya no es tan segura como en Cesarea de Filipo, ahora, es la respuesta humilde del amigo que ha purificado su amistad en el baño de las lágrimas: “Tú lo sabes todo… Tú sabes que te amo” y la ratificación solemne de Jesús: “Apacienta mis corderos” (Jn 21, 15-17)

Desde la primera llamada junto al lago, a esta segunda llamada, han pasado solo  tres años. Por el corazón de Simón Pedro, en cambio ha pasado toda una vida, gracias al acompañamiento de su Maestro y Señor.

Ahora Pedro  está capacitado para asumir mayores responsabilidades, en vasija de barro, como todos nosotros, pero en una vasija que es capaz de manifestar la fuerza de Dios en su debilidad.

¡Qué hermoso programa para nosotros como catequistas janerianos!, el dejarnos acompañar así por el Señor y seguir su ejemplo en nuestro acompañamiento a los hermanos que el Señor nos confía.

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