BIBLIOTECA JANERIANA
VIDA ANA MARIA JANER
PAPA FRANCISCO

El catequista narrador-animador

04 Jun El catequista narrador-animador

Este mes tomamos nuestras reflexiones del cuadernillo del ISCA “El catequista compañero de camino” del Padre José Luis Quijano. Esta propuesta está pensada para hacer reuniones formativas para catequistas…

Tendremos una triple mirada, la mirada desde la fe, desde los contenidos y desde la pedagogía.

Esta semana, una experiencia de oración…

Mirada desde la fe

Jesús solía narrar parábolas. Él era un Catequista-Narrador. Por eso, les proponemos, en esta primera mirada, situarnos delante del él y dejar que él nos enseñe una vez más…

“El reino de los Cielos es también como un hombre que, al salir de viaje, llamó a sus servidores y les confió sus bienes.  A uno le dio cinco talentos, a otro dos, y uno solo a un tercero, a cada uno según su capacidad; y después partió. En seguida, el que había recibido cinco talentos, fue a negociar con ellos y ganó otros cinco. De la misma manera, el que recibió dos, ganó otros dos, pero el que recibió uno solo, hizo un pozo y enterró el dinero de su señor.

 Después de un largo tiempo, llegó el señor y arregló las cuentas con sus servidores. El que había recibido los cinco talentos se adelantó y le presentó otros cinco. “Señor, le dijo, me has confiado cinco talentos: aquí están los otros cinco que he ganado”. “Está bien, servidor bueno y fiel, le dijo su señor, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor”.

 Llegó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: “Señor, me has confiado dos talentos: aquí están los otros dos que he ganado”. “Está bien, servidor bueno y fiel, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor”.

Llegó luego el que había recibido un solo talento. “Señor, le dijo, sé que eres un hombre exigente: cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido. Por eso tuve miedo y fui a enterrar tu talento: ¡aquí tienes lo tuyo!”.

 Pero el señor le respondió: “Servidor malo y perezoso, si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido, tendrías que haber colocado el dinero en el banco, y así, a mi regreso, lo hubiera recuperado con intereses. Quítenle el talento para dárselo al que tiene diez, porque a quien tiene, se le dará y tendrá de más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Echen afuera, a las tinieblas, a este servidor inútil; allí habrá llanto y rechinar de dientes”. Mt 25,14-30

Después de haber leído el texto nuevamente, más de una vez, si es necesario, dejando que la Palabra vaya penetrando en nosotros para que se extienda en todo momento nuestro interior, nos hacemos las siguientes preguntas

  • Qué dice el texto?
  • Qué me dice a mi este texto?
  • Qué le digo yo al texto?

Para que esta parábola suscite en nosotros la experiencia de fe, les sugerimos:

  1. Que una vez realizada la lectura, recurran a la Biblia de Jerusalén o al Libro del Pueblo de Dios, leyendo las respectivas introducciones al evangelio de Mateo y las notas al pie de página. De este modo, podrán profundizar el contenido del texto.
  2. Que respondan las preguntas en un momento de meditación u oración.
  3. Que pongan en común lo reflexionado en una reunión de catequistas de cada obra.

Esta sencilla experiencia de fe nos irá introduciendo en el tema del catequista narrador.

Del evangelio Según San Mateo (13,10-17)

“Los discípulos se acercaron y le dijeron: «¿Por qué les hablas por medio de parábolas?».El les respondió: «A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Porque a quien tiene, se le dará más todavía y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene.

Por eso les hablo por medio de parábolas: porque miran y no ven, oyen y no escuchan ni entienden. Y así se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: “Por más que oigan, no comprenderán, por más que vean, no conocerán, Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido, tienen tapados sus oídos y han cerrado sus ojos, para que sus ojos no vean, y sus oídos no oigan, y su corazón no comprenda, y no se conviertan, y yo no los cure”. Felices, en cambio, los ojos de ustedes, porque ven; felices sus oídos, porque oyen.

 Les aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron, oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron”

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