BIBLIOTECA JANERIANA
VIDA ANA MARIA JANER
PAPA FRANCISCO

La catequesis que queremos

04 Ago La catequesis que queremos

  1. Una catequesis kerygmática y mistagógica[1]

Queda claro que el primer anuncio debe provocar también un camino de formación y de maduración. Una evangelización que busque el crecimiento, debe  tomarse muy en serio a cada persona y el proyecto que Dios tiene sobre ella. Cada ser humano necesita más y más de Cristo, y la evangelización no debería consentir que alguien se conforme con poco, sino que pueda decir plenamente: «Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí» (Ga 2,20).

Hemos redescubierto que también la catequesis tiene un rol fundamental en el primer anuncio o «kerygma», que debe ocupar el centro de la actividad evangelizadora y de todo intento de renovación eclesial. No sería correcto interpretar este llamado al crecimiento exclusiva o prioritariamente como una formación doctrinal. Se trata de «observar» lo que el Señor nos ha indicado, como respuesta a su amor, donde se destaca, junto con todas las virtudes, aquel mandamiento nuevo que es el primero, el más grande, el que mejor nos identifica como discípulos: «Éste es mi mandamiento, que os améis unos a otros como yo os he amado» (Jn 15,12). Por otra parte, este camino de respuesta y de crecimiento está siempre precedido por el don, porque lo antecede aquel otro pedido del Señor: «bautizándolos en el nombre…» (Mt 28,19). La filiación que el Padre regala gratuitamente y la iniciativa del don de su gracia (cf. Ef 2,8-9; 1 Co 4,7) son la condición de posibilidad de esta santificación constante que agrada a Dios y le da gloria. Se trata de dejarse transformar en Cristo por una progresiva vida «según el Espíritu» (Rm 8,5).

El kerygma es trinitario. Es el fuego del Espíritu que se dona en forma de lenguas y nos hace creer en Jesucristo, que con su muerte y resurrección nos revela y nos comunica la misericordia infinita del Padre. En la boca del catequista vuelve a resonar siempre el primer anuncio:

Cuando a este primer anuncio se le llama «primero», eso no significa que está al comienzo y después se olvida o se reemplaza por otros contenidos que lo superan. Es el primero en un sentido cualitativo, porque es el anuncio principal, ese que siempre hay que volver a escuchar de diversas maneras y ese que siempre hay que volver a anunciar de una forma o de otra a lo largo de la catequesis, en todas sus etapas y momentos. Por ello, también el catequista, como discípulo de Jesús, debe crecer en la conciencia de su permanente necesidad de ser evangelizado.

No hay que pensar que en la catequesis el kerygma es abandonado en pos de una formación supuestamente más «sólida». Nada hay más sólido, más profundo, más seguro, más denso y más sabio que ese anuncio. Toda formación cristiana es ante todo la profundización del kerygma que se va haciendo carne cada vez más y mejor, que nunca deja de iluminar la tarea catequística, y que permite comprender adecuadamente el sentido de cualquier tema que se desarrolle en la catequesis. Es el anuncio que responde al anhelo de infinito que hay en todo corazón humano. La centralidad del kerygma demanda ciertas características del anuncio que hoy son necesarias en todas partes:

que exprese el amor salvífico de Dios previo a la obligación moral y religiosa,
que no imponga la verdad y que apele a la libertad,
que posea unas notas de alegría, estímulo, vitalidad, y una integralidad armoniosa,
que no reduzca la predicación a unas pocas doctrinas a veces más filosóficas que evangélicas.

Esto exige al evangelizador ciertas actitudes que ayudan a acoger mejor el anuncio:

cercanía,
apertura al diálogo,  paciencia,
acogida cordial que no condena.

Así, la explicitación del Kerigma, nos lleva a considerar la posibilidad de volver a una catequesis de iniciación mistagógica, que significa básicamente dos cosas:

  • la necesaria progresividad de la experiencia formativa donde interviene toda la comunidad,
  • una renovada valoración de los signos litúrgicos de la iniciación cristiana.

[1] Evangelii Gaudium 160-168.

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