BIBLIOTECA JANERIANA
VIDA ANA MARIA JANER
PAPA FRANCISCO

La catequesis que queremos

30 Jul La catequesis que queremos

1. El kerigma

La palabra “kerigma” etimológicamente significa “proclama”, “declaración”, promesa hecha por un heraldo; y en el lenguaje eclesial ha sido incorporada para expresar la proclamación interpelante y jubilosa que la Iglesia hace del acontecimiento salvífico. El kerigma es la proclamación de la noticia de Dios, de la Buena Nueva, de la Palabra poderosa de Jesucristo que convierte y que salva. Esta proclama, el kerigma, en su sentido original de “clamor” o “llamado”, hay que entenderla como una manera de decir, con convicción, con decisión, con seguridad, como una manera de anunciar algo de valor máximo: el gran amor de Dios. Y precisamente, por anunciar la salvación, esta proclamación interpela a la aceptación de la misma, es decir, a la conversión. El kerigma no es palabra que ilustre, que explique o que desarrolle una doctrina, sino que es palabra que habla y que da testimonio; es palabra que descubre, interpela e inquieta, hasta lograr que algo ocurra en quien la escucha.  En el Nuevo Testamento se emplea mucho más el verbo “kerysso” (acción de proclamar) que el sustantivo – kerigma, que es el contenido o mensaje- dando a  entender su condición de concepto dinámico— significa ordinaria y simultáneamente el acto de proclamar y el contenido mismo del mensaje proclamado. Sujeto de esta acción es siempre un mensajero cualificado, autorizado y preparado para ese fin. No todos pueden “proclamar” este mensaje. De hecho el verbo, que en el Nuevo  Testamento únicamente se aplica a los apóstoles, no significa propiamente “predicar”, exponer una doctrina, enseñar o hacer una exhortación, sino “proclamar un hecho o acontecimiento”.  Además, el objeto directo del verbo “proclamar” no es otro que:

 El Evangelio (ver 1 Tes 2,9; Gál 2,2; Mc 1,14; Mt 4,23). 

 La persona de Cristo Jesús (1 Cor 1,23; 2 Cor20, 25).

 El Reino de Dios (Lc 8,1; Hech 20,25).

 La vida, pasión, muerte y resurrección de Cristo (Mt 4,23; 9,35).

 

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