BIBLIOTECA JANERIANA
VIDA ANA MARIA JANER
PAPA FRANCISCO

La mirada desde los contenidos II

19 Jun La mirada desde los contenidos II

Recordamos que en este mes estamos compartiendo la propuesta de formación para catequistas del Libro, el Catequista, compañero de Camino, del Pe José Luis Quijano, ISCA y PPC.
Las semanas anteriores hablábamos de la mirada desde la fe y luego la mirada desde los contenidos, hoy continuaremos con esta segunda mirada; recordamos que no es este un abordaje bíblico, sino catequético, que nos motiva a revisar nuestra vida y nuestras prácticas catequísticas.

 

La narración pertenece al género literario del testimonio. En ella el narrador tiende a pasar a segundo plano para hacer hablar a los hechos y/o protagonistas. En el relato no son tanto las argumentaciones lógicas las que cumplen un papel relevante sino las secuencias de los episodios, con las experiencias que se evocan, las descripciones y las conclusiones que se derivan de ellas. El tiempo pasado (o indefinido) se convierte en presente, y es esa continua actualidad la que hace que la narración sea un acontecimiento significativo en acto. El verdadero narrador es aquel que hace revivir en el hoy los hechos que narra, como rehaciendo la historia, y “recreándola” para sus interlocutores.
Esto supone un compromiso real del narrador con lo que narra, so pena de reducirse sólo a ser un frío y mecánico repetidor de algo que no le pertenece, incapaz de dar fuerza vital al relato.

 

La auténtica narración estará en disposición de hacer participar a los oyentes en los hechos narrados y/o en la experiencia evocada. El efecto del relato podrá ser de tipo emotivo, de simple curiosidad, de compasión o bien de naturaleza propositiva, provocativa o interpelante; pero no faltará nunca, incluso si provoca el rechazo de lo que se narra. Frente a la narración, es como si los sujetos se encontraran en presencia de un símbolo que llama a la actualización de una fuerza vital que se expresa en la historia.

Los evangelios presentan a Jesús como un “narrador de historias”. La comunidad primitiva, que confiesa su fe en el resucitado, se caracteriza como una comunidad que narra los hechos sucedidos. La fe es una invitación a seguir a Jesús de Nazaret, el “Narrador-Narrado” de la comunidad, que se reúne para hacer memoria de su pascua y anunciarla a todos.
El Kerigma es anuncio de acontecimientos y de experiencias vividas, hecho por quienes han “visto y oído”, y pueden por tanto contar atinadamente el acontecimiento de Cristo y los hechos de su vida terrena, desde el nacimiento hasta la muerte y las apariciones pascuales. La proclamación “Jesús ha resucitado. Somos testigos de ello”, es el núcleo de la fe de la Iglesia apostólica y es una narración. La catequesis que se desarrolló sobre esta base asume a su vez una forma eminentemente narrativa, como se deduce de los evangelios, que hacen eco a a la misma en su estructura global y en cada una de sus unidades literarias. Las reflexiones teológicas posteriores (como las de Pablo o Juan) se arraigan también en los hechos de Jesús de Nazaret y en el relato transmitido por la comunidad, aunque desarrollando sus implicancias doctrinales y morales.


En este párrafo lo que está entre paréntesis es agregado nuestro

El catequista ha de ayudar a que haya un diálogo fecundo. Se trata de ser creativos y dialogantes (aquí podremos tener en cuenta las herramientas de comunicación que en la provincia estamos utilizando).
Crear, en este caso, quiere decir explorar la resonancia que tienen los relatos a través de una actividad (y no al revés,) .
Dialogar supone que nos tomemos un tiempo para esperar y recibir la palabra de los catequizandos. El encuentro de catequesis puede estar lleno de silencios fecundos y elocuentes… El catequista no tiene apuro para que sea pronunciada la respuesta correcta, la respuesta exacta (la respuesta que los niños o jóvenes dicen porque saben que es lo que nosotros queremos escuchar…)
El catequista sabe dejar actuar al Espíritu en el interior de cada miembro del grupo. Suscita un diálogo enriquecedor con todos ellos. Sabe permanecer callado, valora y anima la participación de todos. Pero también respeta sus silencios. El catequista animador sabe crear un ambiente de confianza y de escucha en el cual todos se sienten interpelados a participar para que Dios hable a los hermanos a través de los aportes de cada uno, de sus vidas y de sus palabras.
El catequista sabrá morir a sus propias palabras, a sus propias síntesis, a sus pretensiones eruditas, para ESCUCHAR A DIOS que también habla a través del diálogo suscitado en el grupo. Este ejercicio encierra, sin duda, una pequeña muerte y ella engendrará una nueva resurrección (Cfr Mc 8, 22-26). Este paso de la muerte a la vida, de la opacidad a la iluminación, y del texto al sentido, podemos llamarlo PASCUA DEL LENGUAJE.
La iniciación en la fe es la iniciación al misterio de Dios. Para acceder a este misterio de muerte y vida, hace falta la mediación de la comunidad eclesial. En este sentido, el error teológico y pedagógico consiste en pasar del texto bíblico a la vida cristiana sacramental sin pasar por la mediación del lenguaje eclesial, sin implicación y compromiso. La comprensión del sentido y la confesión de fe es un don del Espíritu en la comunidad eclesial.

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